El viaje a Roquetas  comenzaba por una salida desde Velilla, lo habíamos organizado así para darle una vuelta al apartamento. Todo bien.

Nos detuvimos pasado Calahonda y antes de llegar a Castell porque nos llamó la atención la belleza de esta cala. Magu iba también bien guapa.

 

 

 

La llegada a Roquetas se produjo sin incidentes.

El Hotel Best Roquetas es un buen hotel situado en el paraje denominado "La Urba". 

La habitación tenía vista al mar directamente. La playa se nos ofrecía enfrente con toda su belleza y esplendor.

El tiempo venía saliendo de jornadas de mucho aire por lo que la presencia en la playa no era muy agradable.

La habitación era amplia y luminosos y limpias las zonas comunes. 

 

 

 

Sin embargo, el hotel contaba con un recinto de piscinas muy agradable y con muchas hamacas y sombrillas.

 Tenía también una piscina climatizada muy agradable.

 

 

La semana de descanso estaba pues bastante claro. Solecito en la piscina, paseos de caminata, paseos por la localidad y alrededores. No hacer comidas y no estar pendiente de ninguna gestión ni trámite. Ese es el verdadero descanso. 

 

 

 

 

Destacado a la derecha del hotel, la zona protegida, una enorme playa que llega hasta Aguadulce, la Urba, el pueblo en sí y luego el puerto y la localidad citada de Aguadulce.

 

 

Además de la piscina, ya hemos dicho que la actividad principal estaba en los paseos por la enorme playa y paseo marítimo que va desde la zona protegida, hasta donde tengas ganas de andar.

Roquetas por lo tanto, un lugar para descansar en una enorme playa de piedrecitas, siempre que tengas la suerte de que el tiempo te acompañe. No hay que olvidar que es una zona bastante ventosa.

Fuera de ésto, Roquetas es una población dedicada a la agricultura de plásticos, con una población multicultural muy mal gestionada en su origen por los intereses económicos de los de siempre, mano de obra en régimen de semiesclavitud que con el paso del tiempo plantean serios poblemas de desintegración y convivencia. No cabe duda que una población generosa como la almeriense sabrá solucionar este problema.

El Castillo es otro de los atractivos de la localidad.

 

 

 

 

 

 

 

Y nada más, Roquetas se despide de nosotros y nosotros de Roquetas. Hemos tenido suerte con el tiempo, con el hotel y con la salud, que es lo más ineteresante.