Sería enormemente conveniente que el Estado, de manera urgente y contundente, procediese a la expropiación de los terrenos en donde se encuentra el pequeño Julen.

La creación de un parque, de un espacio público, como homenaje a todos los que están dando lo mejor de sí para recuperar el cuerpo del pequeño. Un espacio que sea un canto a la solidaridad, al esfuerzo y a la esperanza que miles de personas estamos desarrollando en todo el mundo.

Todo antes de que algunos avispados pudiesen transformar este lugar en un espacio para el fanatismo, el dogma y el enriquecimiento. Estamos a tiempo de hacer algo importante para el futuro.