Según científicos norteamericanos, cada año se vierte a los océanos un promedio de 2.6 millones de toneladas de petróleo y derivados. Pero la mayor parte de estos vertidos no provienen de accidentes petrolíferos, como de entrada cabría suponer. La gran mayoría, concretamente un 64% procede de vertidos urbanos e industriales. El 51% llega directamente en estado líquido tras ser arrastrado por las cloacas. Y el 13% restante llega por vía aérea. Primero asciende a la atmósfera en forma de humo y, empujado por la lluvia, cae al mar. Solo un 5% procede de accidentes como el del "Prestige" en la costa gallega. Pero, aunque el porcentaje es bajo, los vertidos en accidentes producen un impacto mortal para la fauna y flora local y para la supervivencia de los lugareños.